The Jukebox Project

2016 | Web-doc
Producido por Imago audiovisual y  Nanouk Films
Dirigido por Sergi Cameron

 

“El único camino para la cultura es el entendimiento, el reconocimiento del otro, la participación de uno en interacción con el otro. […] La música es el elemento más ancestral y al mismo tiempo actual que existe como catalizador de la cultura, la identidad, la forma de ser de un país.”

Sergio Prudencio, músico boliviano.

 

Hace 10 años que Evo Morales, el primer presidente indígena elegido en Bolivia, tomó el poder. Desde entonces el país ha cambiado a un ritmo vertiginoso y el mundo colocó en el mapa a Bolivia, un país caracterizado por su aislamiento y su apariencia sosegada.
En un ambiente de bonanza económica y cambios sociales, el país vive un momento de euforia y positivismo, en el cual todo parece posible. Las causas de esta vehemencia son varias y en muchos casos contradictorias, desde la lucha de los derechos civiles indígenas y la defensa de los recursos naturales, pero también el auge del narcotráfico, o la burbuja inmobiliaria.
En este contexto, los músicos Cristian Subirá y Simon Williams llegan a Bolivia desde Barcelona con el objetivo de descubrir los sonidos y las músicas que conforman el paisaje de este indomable pueblo, trazando una radiografía política, social y etnográfica del país, desde La Paz hasta Tarija, de Potosí a Italaque o Cochabamba,
El proyecto transmedia consta de un documental lineal para cine y televisión, un web-documental interactivo y la creación de un disco de remezclas de una selección de música boliviana de la mano de diez artistas de prestigio internacional.

 

En Bolivia hay más de 100 ritmos de música folclórica diferenciados, y no existe todavía ningún recopilatorio que pretenda crear un discurso sólido acerca de cómo han confluido estos estilos, y de cómo han evolucionado a la vez que mutaba la sociedad boliviana. Además, hay estilos que quedan todavía más relegados a los márgenes del conocimiento, como pueden ser la psicodelia del movimiento Go-Gó, la música electrónica que crean los jóvenes en La Paz o la música sinfónica de vanguardia de Cergio Prudencio y su Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos.
Pretendemos crear un recorrido mágico a través de los sentidos, una obra cinematográfica, sensorial e interactiva, que se aleje de convencionalismos pero sin olvidar la función didáctica y de arqueología musical que tenemos la oportunidad de difundir.

El etnomusicólogo tejano Alan Lomax (1915- 2002) dedicó la mayor parte de su vida a viajar por el mundo para recoger con su rudimentaria grabadora muestras del folclore musical de países como España (a pesar de la oposición del régimen de Franco), Italia, Irlanda, Yugoslavia, India o Rumanía. También lanzó a la fama a varios intérpretes de blues como Muddy Waters, Lead- belly, Woody Guthrie, Jelly Roll Morton o Jeannie Robertson, además de grabar estilos musicales casi desconocidos, como los espirituales de Sea Islands.

Gracias a la tenacidad y a la pasión de Lomax y a su aparatoso estudio de grabación móvil a lomos de un carromato, hoy podemos conservar (y disfrutar) de unos sonidos que trascienden lo musical y se convierten en historia, el legado de una cultura, de un país.
Del mismo modo, en la reciente película dirigida por George Clooney basada en una historia real, “Monuments Men”, en la que un grupo de comisarios e historiadores convertidos en soldados se dedican a recuperar el arte expoliado por el nazismo, el protagonista dice “Pueden exterminar a toda una generación y aún así el pueblo se repondría, pero si destruyen su historia, es como si nunca hubieran existido”.
Para los vivos, la memoria es la herramienta que justifica nuestra existencia. Para los muertos, el recuerdo de los vivos es el último peldaño antes de caer en el abismo de la desaparición.
Para los pueblos, en cambio, la cultura es una red que teje un relato que puede pervivir por los siglos de los siglos. Ya desde la cultura de los Nayaras, la música puede contar historias o gestas heroicas, o bien emular el sonido de un insecto o un pájaro en medio de la selva, y cómo no, la música puede convertirse en una declaración de amor a alguien o a algo… pues de la cultura, la música es la más vieja (no olvidemos que ni en Bolivia ni en ningún otro lugar existía antes que la música la fotografía, el cine, y ni siquiera la pintura).

La música, como lenguaje, parte siempre de un ámbito local, pero su descodificación es o debe ser siempre universal. Así pues, la música refuerza ese sentimiento de pertenencia tan necesario para la consolidación de una sociedad madura y consciente, pero también ayuda a abrir nuevos horizontes y a entablar diálogos con otras culturas, otras sociedades, otros pueblos. Y por supuesto la música es disfrute y emoción, pura humanidad.

OBK
Happymess
Published on: 4 agosto 2015
Publicado por Airam Rodríguez Pulido